Comprendiendo el complejo mundo del adolescente

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Comprendiendo el complejo mundo del adolescente

 

COMPRENDIENDO EL COMPLEJO MUNDO DEL  ADOLESCENTE

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La adolescencia es un fenómeno bio-psico-sociológico del desarrollo y crecimiento de todas las personas y viene  a describir el momento que señala el final de la niñez y preanuncia la edad adulta. Se trata de una transición a todos los niveles:

  ·         Cambios físicos, desarrollo corporal (fenómeno biológico conocido como pubertad) en el que el cuerpo experimenta cambios, incluida la maduración sexual.

  ·         Cambios hormonales que provocan que aparezcan nuevas sensaciones, emociones y sentimientos, en alta intensidad y variabilidad. El concepto de pubertad es biológico y se inicia al segregar la hipófisis anterior las hormonas gonadotrópicas a la vez que hay un aumento de secreción de las glándulas suprarrenales. A partir de ahí, se experimenta un cambio morfológico-fisiológico (crecimiento, maduración sexual, caracteres sexuales secundarios). Pero hay un rasgo predominante que desde siempre ha definido el comienzo del proceso puberal: la menarquia, ya que la primera eyaculación de semen, en los niños, no se presta a una comprobación tan rigurosa.

   ·         Cambios psíquicos que acompañan a los cambios corporales, entre los que destaca un desarrollo cualitativo de la inteligencia.

  ·         Cambios en las relaciones con los iguales. La adolescencia es una etapa del desarrollo de la persona que se hace en grupo. La adolescencia es una etapa muy influenciada por el grupo de iguales. Los amigos y las amigas toman una gran importancia en la vida de los y las adolescentes. La opinión de sus amigos y amigas, su aceptación, los juicios que les den, los consejos que reciban tienen una enorme importancia. Al ganar importancia los amigos, los padres y madres, lógicamente la pierden. Lo que dicen ya no es, siempre, tenido en cuenta. Las opiniones, indicaciones y deseos de los adultos de la familia tienen que competir con los de los hijos e hijas y con los de sus amigos y amigas, convirtiéndose esta etapa para ellos en una prueba de paciencia, templanza y comunicación, ya que descubren nuevos hábitos, nuevas formas de divertirse, nuevas formas de entender la vida, en definitiva, una nueva manera de percibir el mundo.

  ·         En la adolescencia priman más las afinidades de personalidad. Aparecen los primeros enamoramientos y parejas.

La adolescencia es un momento de transición entre la niñez y la edad adulta, en la que la principal tarea del/la adolescente es encontrar su propia identidad y adquirir autonomía, que no debe ser bloqueada por el excesivo proteccionismo de los padres, ya que esto frenaría su proceso de maduración. Para conseguirlo, los  adolescentes tienen que empezar a separarse de las figuras paternas, tarea que no es fácil ya que  vive un conflicto interno entre la fuerte dependencia que aún tiene de sus padres y el deseo y la necesidad de independencia. Esta lucha interna se expresa a menudo en forma de peleas y conflictos, especialmente con los padres, ya que constituyen para el adolescente ese pilar que tanto necesitan pero del que desean desprenderse, una fuente de seguridad y a su vez de rechazo.

Las estrategias que anteriormente utilizaban con ellos ya no funcionan y es necesario adaptarse al nuevo momento evolutivo e ir modificando las normas rígidas por límites más flexibles, negociados y acordados. Esto genera en los padres sentimientos lógicos de inseguridad. Y es que resulta francamente complicado encontrar el equilibrio entre mantener un control y una autoridad sobre el adolescente y, al mismo tiempo, concederle progresivamente mayores cotas de confianza y responsabilidad.

La formación de la autoestima en el adolescente

Con la llegada de la adolescencia, el hijo o la hija, continúa creando su identidad personal, es decir, la forma de ser, lo que los diferencia del resto de los chicos y chicas, aquello que los hace únicos e irrepetibles. El desarrollo de la identidad está muy ligado a cómo se siente siendo como es, es decir, a la autoestima. La opinión de los demás influye, y mucho, en la creación de la identidad personal, ya que  sienten una enorme necesidad de reconocimiento por parte de los iguales, también de los padres y madres, y en definitiva, de todas  las personas que son significativas para él.

Es este reconocimiento y aceptación lo que asegura un concepto positivo de sí mismo, una buena y equilibrada autoestima. Por tanto, algo a evitar de manera absoluta es ridiculizarlos, descalificarlos y hacer críticas personales, máxime si se realizan en público, ya que lo perciben como  algo muy desagradable, hiriente y les crea un gran resentimiento. Ser juzgado y rechazado son las cosas más temidas por los adolescentes. Con la apariencia física, no se puede bromear. No cumplir con las expectativas propias o ajenas se convierte para ellos en una tragedia.

Aprendizaje y Emocionalidad en el Adolescente.

La adolescencia es una etapa de aprendizaje y reflexión, en la que necesitan intimidad, motivo por el cual pasan parte de su tiempo ensimismados en su habitación, como “ausentes”, o tumbados escuchando música, ya que a consecuencia de los cambios corporales que se producen en esta etapa produce un enorme gasto de energía, por lo que lo necesitan para recuperar fuerzas. En la adolescencia, hay muchas emociones intensas, tales como  la irritabilidad y a veces, la agresividad, pero también la tristeza y la melancolía, a la vez que sus contrarias, la alegría exagerada, el optimismo infantil, y todas aquellas que queramos nombrar. Se puede pasar de una a otra con una rapidez que causa estupor a los padres y madres. Todo ello forma parte del crecer y del madurar, de su entrenamiento personal.

La madurez va ligada a la autonomía y a la independencia, e indica el grado en el que una persona descubre y va adquiriendo capacidades, y es capaz de hacer uso de las mismas y de manejarlas durante su proceso de crecimiento.

Pensamiento característico del adolescente: El pensamiento formal.

Con la adolescencia, el ser humano inaugura las formas de pensamiento adulto. El pensamiento del adolescente comienza a ser capaz de liberarse de esa esclavitud a que los receptores sensoriales le han sometido hasta ahora. El adolescente puede comenzar a pensar ya no sólo sobre los objetos sensibles de los que ha tenido experiencia, sino también sobre objetos posibles, sobre constructos abstractos, sobre proposiciones elaboradas mentalmente, etc. El adolescente puede comenzar a operar con las formas del pensamiento adulto. Se enfrenta a una forma nueva de pensamiento adulto que intenta comprenderse a sí mismo. El pensamiento formal, cuyas características funcionales son las siguientes:

  ·         El mundo de lo posible frente al mundo de lo real: En el adolescente comienza a observarse una capacidad para pensar en términos de lo puramente posible. El mundo real, sus objetos y las relaciones entre los objetos son consideradas como parte de lo que potencialmente pudiera ser. El gran paso hacia la adolescencia cognitivamente hablando, queda marcado por una capacidad de independizarse de aquello que llega directamente a sus receptores sensoriales.

  ·         El pensamiento hipotético deductivo: el adolescente, a la hora de resolver un enigma, es capaz de formular mentalmente hipótesis o soluciones posibles, cuya validez deberá contrastar posteriormente en la realidad. Ante un determinado problema, el adolescente comienza por considerar las posibles soluciones. Tras ello, por deducción, concluirá con razonamientos lógicos. Posteriormente comprobará experimentalmente la validez real de dicho fenómeno, lo que le llevará a aceptar unas hipótesis como verdaderas y a rechazar otras. El adolescente es capaz de deducir conclusiones no sólo basándose en la observación de la realidad, sino también a partir de simples hipótesis.  Una vez formuladas las posibles soluciones o hipótesis, el adolescente  diseña las pruebas experimentales capaces de comprobar las hipótesis elaboradas, con lo que llega a solucionar el problema de forma semejante a como se comprueban las teorías en las ciencias actuales.

  ·         El pensamiento proposicional: Otra de las características esenciales de la cognición del adolescente es la aparición del pensamiento proposicional. El adolescente, sigue manejando en sus razonamientos los datos de la realidad, pero no se queda sólo ahí. El adolescente comienza a ser capaz de operar con proposiciones, con enunciados, afirmaciones, implicaciones, conjunciones, disyunciones, etc., que contienen los datos de la realidad.

  ·         El uso de la combinatoria: El pensamiento formal se caracteriza por poseer un mecanismo cognitivo lógico que le permite listar todas las posibles soluciones a un determinado problema sin olvidar ninguna. Si han de formularse las posibles soluciones a un determinado problema en que intervienen dos o más variables, parece lógico pensar que se ha de disponer de ese mecanismo mental lógico capaz de someter a un análisis combinatorio completo las variables que intervienen y, de esta forma, revisar mentalmente todas las posibles soluciones al problema.

DESARROLLO COGNITIVO Y PERSONALIDAD DEL ADOLESCENTE

Algunas de las principales características cognitivas de esta etapa son la capacidad de abstraer y la capacidad de elaborar hipótesis. Dichas capacidades permiten al adolescente elaborar mentalmente posibles alternativas frente al mundo real en que vive, y donde podrían eliminarse algunos aspectos que no le satisfacen: injusticias, dolor, etc. Ello explicaría, al menos en parte, el inicial enfrentamiento del adolescente hacia el mundo de los adultos.

El adolescente acaba de descubrir que existen otras posibilidades de la realidad diferentes a las que le han sido dadas por sus progenitores. Por otra parte, el adolescente tiende a supervalorar el poder de las ideas como agente modulador de la realidad. Todo ello, le lleva  a supervalorarsus ideas frente a las de los demás, etc.

Además, el adolescente va realizando una paulatina inserción en el medio  social y cultural, con lo que se le obliga a considerar otras perspectivas diferentes a las suyas, que le van apartando paulatinamente de esa excesiva confianza en sí mismo y en las ideas propias, característica de los primeros momentos de la adolescencia.

LA IDENTIDAD DEL ADOLESCENTE

La formación de la identidad  no la da la sociedad, ni aparece con un fenómeno de maduración, sino que se debe adquirir a través de esfuerzos individuales intensos. Es una tarea difícil, en cuanto es el momento en que rompe con el pasado, con los vínculos de la familia y de la tradición, y se le presenta un presente de muchos cambios sociales e imprevisibles.

El problema clave de la adolescencia es el de la búsqueda de la identidad, o el de saber quién es y cuál es su papel en la sociedad. El adolescente quiere saber quién es y hacia dónde va.

El adolescente se encuentra sometido a presiones conflictivas del exterior y a las expectativas que sobre él tienen las personas de su entorno inmediato. Tiene que aceptar el mundo tal como es, y no como le gustaría que fuera. La independencia propia de esta edad y los cambios a los que se ve sometido es una fuente de dificultad, y hacen de la adolescencia una fase de la vida generadora de tensión que hay que entenderla como la forma diferente de sentir y vivenciar la propia realidad individual en comparación con la realidad vivida durante la infancia. En ella se pasa de una manera brusca de la niñez a la vida adulta; y este cambio de situación vital o la vivencia de esta transición es lo que produce un sentimiento de despersonalización y de extrañeza de sí mismo. Ha cambiado su modo de sentir y su referencia del mundo exterior. Él mismo no se reconoce, ni sabe quién es, experimentando en este momento una especie de efervescencia afectiva, que no comprenden, empezando así a cuestionarse, mediante preguntas, su propia individualidad, a descubrir su yo, y a tomar conciencia del mundo exterior como algo distinto de su yo interior (E. Fernandes,  págs. 45-46).

La sociedad no tiene expectativas claramente definidas acerca del adolescente. El comportamiento de los adultos es altamente ambiguo. Unas veces le exigen la obediencia de un niño pequeño, y en otras esperan de él que se comporte con la autosuficiencia e independencia de un adulto. Roto el equilibrio infantil, se ve obligado a hacer frente a una serie de problemas como la elección de una carrera, la relación con los padres, la sexualidad o el amor.

La falta de un status bien definido que determine lo que un adolescente puede esperar de los demás y lo que los otros pueden esperar de él, provoca cierta ansiedad, a la que cada uno reacciona según su propia estructura personal y según las circunstancias ambientales en que se encuentra.

Afirmación del yo: La constatación del propio yo, lleva ineludiblemente al adolescente a resaltar sus diferencias respecto a los demás. Descubriéndose como realidad íntima, el adolescente encuentra una razón para distinguirse y afirmarse en tanto que individuo (Debesse, pág. 117). Se considera algo excepcional y único; aspira a no ser como las demás personas que conoce; se considera diferente; cree vivir una vida excepcional, imagina un destino fuera de lo común. El adolescente quiere ser él mismo, el centro de toda verdad y de toda realidad. Sobreestima sus posibilidades y considera que en su yo íntimo hay algo único y grandioso. En definitiva, desea ser original. Tal afán de singularidad lo pone de manifiesto a través de:

  ·         Una tendencia a la soledad. El adolescente siente un atractivo fascinante hacia la soledad. Busca aislarse; pero no para convertirse en un ser solitario, sino en cuanto es en la soledad donde conversa consigo mismo y desde la que entiende y profundiza en la propia realidad. El alejamiento de los demás le permite concentrarse en el conocimiento de sí mismo. Es el momento de las lecturas a solas, de los diarios íntimos, de las poesías, de las canciones, a través de los cuales se pretende guardar celosamente la intimidad. Pero el motivo esencial del aislamiento no es ocultar y preservar la intimidad, sino el de considerarse diferente de los demás y de que posee cualidades que no se dan en ningún otro.

  ·         Un excentricismo. Es otra forma de afirmación del yo. En su deseo de singularizarse y de llamar la atención de los demás aprovechan todas las oportunidades de la vida cotidiana. Sus rarezas y extravagancias están relacionadas principalmente con: El modo de vestir (la forma, el color, el modo de llevarlo, el peinado, el calzado; Su comportamiento; El lenguaje y la escritura: (Su atracción por los neologismos, las frases expresivas, las antinomias, los juegos de palabras, tacos, las palabras malsonantes, etc. es una muestra más, rompiendo los moldes convencionales del lenguaje, de su deseo de autoafirmación).

  ·         Rebelión contra todo sistema de valores de los adultos: La docilidad y conformidad habida durante la infancia contrasta ahora con una conducta irritable, agresiva y de descontento. Se muestra susceptible y arrogante y adopta una actitud de constante rebeldía. La familia, la sociedad, las costumbres, la religión, la moral, etc., todo lo ve como una constante amenaza a su yo. Por ello, ante todo principio establecido, frente a toda autoridad y tradición el adolescente adopta una actitud de desconfianza y de desprecio.

Dos son las quejas principales por las que el adolescente se declara en contra del sistema y de la forma de vida de los adultos:

  ·         Porque atentan contra su independencia: El adolescente no acepta la autoridad de los padres ni la imposición de la sociedad. Quisiera no depender de nadie, obrar a su gusto y vivir de sus propios recursos, pero siente su impotencia, reacciona contra todo el sistema.

  ·         Por la falta de comprensión: En el adolescente ha despertado su yo; tiene unas vivencias y aspiraciones que antes no tenía y, sin embargo, los adultos siguen considerándole un niño.

Independencia y autonomía

La adolescencia marca también el paso de una vida dependiente a una vida autónoma. La adolescencia es el momento de romper amarras y lanzarse a la conquista de una vida diferente de la del niño. Abandona el mundo cerrado de los primeros años para lanzarse a la forma de vida y a las actividades de los adultos; toda autoridad le resulta pesada y toda coacción insoportable. Quiere liberarse de todas estas trabas. El adolescente quiere asegurar su autonomía frente al medio, y la consecución de unos fines fijados por él mismo. Y en este proceso de autonomía personal y de independencia social tiene un papel importante la emancipación de la familia. El adolescente no está en actitud de huida, sino de búsqueda. No pretende marcharse de casa, sino vivir en ella de otra forma.

Necesita, por una parte, romper el apego materno, y, por otra, liberarse de la imposición autoritaria del padre, así como más tarde necesitará también romper con el saber del maestro. El empeño de la madre por retener afectivamente al hijo y la insistencia del padre por imponer su autoridad son los dos principales obstáculos en la consecución de la independencia y de la autonomía. La emancipación respecto a la familia abre al adolescente otras vías de acoplamiento a la sociedad. Va a ser en el grupo de amigos donde encuentre ahora la acogida, comprensión y reconocimiento personal negado por los padres.

Es el pequeño grupo de amigos, o la pandilla, con los que comparte la vida tanto en  el estudio como en el ocio y las diversiones, los que van a ejercer ahora las importantes funciones de definición y regulación de los valores. Sin embargo, aunque el grupo de amigos ejerza ahora las funciones que antes había ejercido el grupo familiar, el contraste entre los valores dominantes del grupo y de la familia no es tan grande que se hagan incompatibles e irreconciliables, pues en los casos de conflicto no siempre opta por los valores del grupo de iguales, sino que en los asuntos de modas, estilos o aficiones opta por las decisiones de los compañeros, y no por las de los padres; pero en lo referente a proyectos de futuro y en las decisiones sobre su futuro profesional opta por las decisiones y orientaciones de la familia, y no por las del grupo de amigos.

 

LAS RELACIONES ENTRE IGUALES

 

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Si un niño difícilmente puede vivir sin depender de los otros, a un adolescente se le hace imposible. La adolescencia es tiempo de soledad intensa, resultado de la complejidad que supone el descubrimiento del yo, su interpretación y control. El desconcierto personal se supera en el grupo de iguales, en la comparación con los demás, en la confianza de que llegará a adulto como han llegado otras generaciones. Es un proceso que indica cómo se transfiere al grupo parte de la dependencia mantenida hasta el momento con la familia y, en especial, con las figuras paternas.

Es necesario vivir con los iguales, con sus valores y experiencias, intimar, participar de sus emociones… Es así cómo el grupo se convierte en el laboratorio en el que se experimenta la afectividad del adolescente. Gracias al grupo, se libera de la propia soledad y se hace capaz de asumir la identidad adulta.

Conviene tener en cuenta que la experiencia en el adolescente de los modelos adultos  refleja directamente las relaciones familiares y hasta las características personales: si el hogar es lejano, el adolescente se alejará del mismo y de sus valores; si es cercano, en cambio, habrá menos necesidad de distinguir entre valores de grupo y valores de iguales. Si el adolescente es inseguro y dependiente, se someterá más fácilmente a las influencias del momento; si es más confiado y autónomo, encontrará su camino personal sin sufrir significativamente las perturbaciones de los adultos o de los iguales.

Es claro, pues, que el grupo cumple unas funciones importantes. Pueden enumerarse algunas:

La conquista de la seguridad y de la confianza. No es que el grupo proporcione la seguridad, pero sí permite una confrontación entre iguales. Es decir, que, gracias al grupo, el adolescente encuentra una imagen de sí, se reconoce, compara su propio ideal con el de sus compañeros, se valora y comprueba que no se halla fuera de la realidad. Asume sus propios riesgos y, en definitiva, su propia seguridad. El grupo de iguales piensa y siente como él, no lo minusvalora sino que lo toma en serio.

La conquista de otros valores. En el grupo, el adolescente se somete a diversas pruebas que posiblemente no podía realizar, al menos de modo tan experimental, en el ambiente familiar. En efecto, compromete su palabra y trabaja por ser fiel a la palabra dada; ha de realizar ciertos compromisos comunes que le llevan a olvidarse de sí. Aprende a ser leal, etc. De alguna manera, está haciendo experiencia de vida adulta, algo que la propia familia, por su estructura jerárquica, le hacía difícil.

La vida en grupo resuelve, al menos temporalmente, algunos conflictos del adolescente: permite resolver la cuestión de una dependencia rechazada y experimentar la independencia; consiente el ejercicio de la reflexión y, por último, la apertura y la entrega a un ideal. Goza así el adolescente de una notable preparación para asumir en el próximo futuro la condición de hombre en la mejor situación.

 

LAS RELACIONES HETEROSEXUALES EN LA ADOLESCENCIA

 

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Se pueden distinguir cuatro etapas diferentes en la evolución heterosexual:

  ·         Fase de idealización/romanticismo. En ella el conocimiento y descubrimiento de la heterosexualidad no se inicia con aproximaciones reales entre los sexos, sino que en un primer momento prevalecen la idealización y el romanticismo, dos formas diversas de conducta heterosexual. En la idealización, el deseo de establecer contactos de naturaleza heterosexual existe, pero, antes de llevarlos a la práctica en el grupo de pares, dichos encuentros se producen a nivel de fantasía. En ella se refugia el adolescente ante el temor y la angustia que supone la posibilidad de mantener experiencias reales. El fantasear las relaciones sexuales supone también para el adolescente un entrenamiento del rol que debería posteriormente asumir en la realidad. La actividad onírica y los ensueños adquieren, por tanto, un papel fundamental. La persona hacia quien se orienta el deseo sexual suele ser idealizada. Es decir, tanto los chicos como las chicas, no se fijan en sujetos de la misma edad, sino que su primer deseo lo constituye una persona generalmente mayor e idealizada (actores, profesores, amigos de sus hermanos mayores). Se trata de amores platónicos cuyas fotografías invaden las paredes de su habitación, carpetas escolares, armarios, etc., y que monopolizan las conversaciones entre amigos del mismo sexo. La intensificación del deseo que suponen estas fantasías de relaciones con estas personas tan distantes se resuelve generalmente con la masturbación. En este momento en el que la idealización y el romanticismo son muy intensos, sería contraproducente mantener relaciones sexuales, ya que serían vividas como una experiencia frustrante y sucia, al no estar integrados todavía en la personalidad adolescente la ternura y la genitalidad.

  ·         Fase de la heterosexualidad en grupo de pares (flirteo o coqueteo). El primer acercamiento o exploración real del otro sexo se realiza generalmente a través del grupo mixto. Chicos y chicas salen juntos, en grupo. Ahora bien, las relaciones que se establecen entre ellos son superficiales e inestables. Son frecuentes los cambios de pareja sin que existan verdaderos dramas afectivos. Es el período de flirteo o coqueteo, en el que las primeras citas adquieren una gran importancia. Los chicos quieren impresionar a las chicas y viceversa. La coquetería adquiere aquí un papel fundamental.  Generalmente los contactos entre los dos sexos se reducen a paseos, caricias, besos, miradas cómplices, etc. Debido a que el sentimentalismo está totalmente ausente en este tipo de relación puramente exploratoria, la disociación entre afecto y sexo es ahora máxima.

  ·         Fase del enamoramiento. Esta fase que sigue al flirteo y a veces alterna con él se distingue de éste en que es una relación más selectiva y de naturaleza más fundamentalmente emotiva e irracional. Entre las transformaciones que implica el enamoramiento en el adolescente una de ellas es que éste sale de sí para proyectarse hacia su compañero de pareja. Nada le interesa ni importa si no es visto, sentido, vivido a través del «filtro» del otro. El estudio, la familia, los amigos, pasan ahora a segundo plano. Un segundo mecanismo que se dispara en el enamoramiento es el que tiende a modificar las posibles discrepancias entre ambos enamorados. Para el enamorado, todo lo referente a su pareja es formidable, positivo, tendiendo a disculpar e ignorar la presencia en él de los aspectos negativos. Un tercer mecanismo que se dispara, por fin, se refiere a las transformaciones que el enamoramiento implica en el adolescente que lo vive. Basta con decir que cuando está enamorado, suele perder el apetito o el sueño o viceversa, tener un hambre de lobo y felices sueños. La ansiedad, palpitaciones, rubor y palidez son los síntomas más corrientes y visibles. Es la emotividad que se desencadena violentamente cada vez que el adolescente enamorado ve, oye hablar o piensa en la persona amada.  En el enamoramiento el adolescente se siente feliz, colmado y motivado. Todo se vuelve hermoso y le parece que quiere a todo el mundo; lo que antes le disgustaba, ni siquiera le molesta y el aburrimiento desaparece por completo. Es como un estado de exaltación constante en el que se tiene la sensación de vivir en una esfera de cristal y en un estado de armonía consigo mismo. Cuando ese estado se acaba, hay dos opciones: o se transforma en amor, sentimiento más complejo y más adecuado a la realidad, o termina del mismo modo rápido e irracional que había comenzado. El problema es que si termina, no termina siempre al mismo tiempo en las dos personas. Entonces el que sufre el alejamiento del otro puede entrar en un estado de depresión profunda y sentirse decepcionado y vacío. Es interesante observar también que hay adolescentes que se enamoran continuamente y otros que no se enamoran nunca. En general, el adolescente que se enamora con gran facilidad es constitucionalmente de naturaleza frágil, inseguro de sí mismo y de sus más profundas necesidades sentimentales, con una constante necesidad de encontrar nuevos estímulos en personas cada vez más distintas, como si de este modo pudiera verificar y descubrir su propia personalidad e identidad. Aunque de modo distinto, los adolescentes que no se enamoran nunca, sufren una especie de “carencia”.

La atracción sexual en estos primeros encuentros presenta diferencias entre chicos y chicas: Una de ellas es la mayor precocidad en la iniciación de las relaciones heterosexuales en las chicas, debido a que maduran éstas sexualmente antes que los varones. Una segunda diferencia es que los chicos suelen mostrar más experiencia sexual, están más iniciados en el sexo, que las chicas. Otra tercera diferencia está relacionada con el significado diferente que presenta para los chicos y chicas la relación heterosexual. Para las chicas, en efecto, esta relación, de substrato predominantemente psíquico, es la forma más fundamental de relacionarse con el otro. Considera al chico no como un instrumento para su satisfacción sexual, sino como un camino para realizar la plenitud de su feminidad. Mientras que para el chico la sexualidad, de substrato predominantemente biológico, es algo episódico, una forma entre otras de relación, así como también un modo de satisfacer su genitalidad. De ahí que considere a veces la chica como un instrumento para la satisfacción y que, una vez que la ha obtenido, se dirija inmediatamente hacia otros objetivos, otras actividades (juego, trabajo, etc.).

  ·         Fase del noviazgo.  ¿Qué lleva a estos jóvenes a unirse en relación de noviazgo? Los motivos más frecuentes son, tanto para los chicos como para las chicas, el amor, la comprensión y la necesidad sexual. A estos dos añaden las chicas también la necesidad de compañía y las afinidades de carácter personal. Pero, ¿qué significa para estos adolescentes el amor? Tanto los chicos como las chicas coinciden en  que es «una apertura máxima a la comunicación» y «lo que te hace más feliz». Esta necesidad de comunicación tiene un significado psicológico relacionado con el descubrimiento de la relación en profundidad en pareja y la entrega al otro en dicha relación propia de esta edad. Comunicación que produce en el sujeto un sentimiento de plenitud y felicidad. Esta necesidad de comunicación tiene también implicaciones de tipo sociocultural. Estos jóvenes creen que la comunicación se puede lograr mediante el amor. De ahí que un gran porcentaje de ellos señalan también el amor como remedio contra la soledad, por lo que aspiran a encontrar ese amor como remedio contra este aislamiento. La relación de noviazgo es también para un alto porcentaje de adolescentes (sobre todo en ellas) no sólo una relación que lleva a la comunicación y felicidad, sino también un estímulo que lleva a la persona a una situación de fecundidad psicológica caracterizada por la euforia, el entusiasmo ante la vida, un estado de armonía con sí mismo, el deseo de madurar juntos tomando decisiones cada vez más complejas y profundas, el deseo de entrega al otro, etc.

Un punto importante que puede aclararnos bastante la calidad de la relación heterosexual en el noviazgo es ver cómo valoran los adolescentes la fidelidad en el amor. La mayor parte de ellos indican que lo juzgan importante, un porcentaje menor que lo juzgan imprescindible y sólo una pequeña parte que lo juzgan indiferente. Así, los adolescentes ven las relaciones en el noviazgo como un proyecto de vida mutuamente comprometido y en un plano de igualdad entre sus componentes. Esta felicidad la vive cada vez más un mayor número de adolescentes como un modo consciente y constructivo; como un acto que no nace, como tradicionalmente se había entendido, de condicionamientos externos ni de moralidades, ni de idealismo, ni de sutiles y ambiguas formas de chantaje, sino del deseo de darse más, de entregarse a esta relación sin reservas. Un componente esencial también de esta fidelidad tal como la viven muchos adolescentes es la sinceridad. Amor y sinceridad es el binomio en que se basa la fidelidad de la pareja, declarándose ambos partidarios de la ruptura si no se dan ambos componentes.

Conducta sexual de los adolescentes

Tanto en la relación de coqueteo y enamoramiento como en la de noviazgo es posible distinguir dos tipos de conducta sexual entre los adolescentes: el llamado «petting» y la conducta sexual plena.

  ·         El petting. Esta forma de conducta alude al conjunto de gestos, abrazos, caricias, besos por todo el cuerpo y contactos intergenitales, que lleva a la pareja a un alto grado de excitación sexual. Suele terminar con la masturbación recíproca o simplemente sin conclusión orgásmica. Las conductas de este tipo más frecuentes entre los adolescentes son,  las siguientes: abrazos, caricias en la cara, besos en la boca, caricias en los genitales, miradas insinuantes, darse la mano. El papel del petting en la maduración sexual del adolescente es importante pues suele llevar a éste a un conocimiento gradual y progresivo del propio cuerpo y el del compañero; a una profundización progresiva en una relación sexual que un día puede desembocar en una relación más madura, el coito propiamente dicho. El petting es en este sentido una auténtica escuela para el adolescente, en la que aprende los gestos adecuados, sobre todo si no se tiene ningún reparo en hablarse, comunicarse las propias necesidades ni pedirse las caricias más agradables.

  ·         La conducta sexual plena.  Cuando se llega por primera vez a estas relaciones plenas, muy a menudo es de común acuerdo y por decisión de ambos miembros de la pareja, impulsados no sólo por el deseo físico, sino también por el deseo de conocerse. Suele llegarse en estos casos, poco a poco, después de un lento y suave descubrimiento mutuo, a través de gestos y caricias que tiempos atrás muchas parejas, inhibidas en sus deseos de intimidad, no llegaron jamás a conocer. Pero en otras ocasiones es el chico que fuerza, que no sabe esperar y respetar los deseos de ella y le impone una vida sexual para la que no se siente ésta preparada. En otras ocasiones, por fin, esta conducta se reduce en ambos a una tentativa tosca, insegura e impulsiva de hacer el amor, en la más completa ignorancia y con una torpeza que proviene del temor a experimentar dolor, a no sentir nada por parte de ella, a fracasar o hacer mal papel por parte de él, etc.

 

Autora: María Teresa Vallejo Laso

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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COLEMAN, J.C. (1985). Psicología de la adolescencia. Morata, Madrid.

 

 

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