Envidia

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Envidia

 

La envidia es un sentimiento tan viejo como el hombre del que se ha dicho que es el más vergonzoso de los vicios. De hecho, se le considera tan deshonroso que incluso personajes tan ilustres como el filósofo Francis Bacon no han dudado en afirmar que la envidia es un “gusano roedor del mérito y la gloria”. La envidia es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas. La Real Academia Española, más tibia en su definición, la considera un “pesar del bien ajeno”.

¿Qué es la envidia?

La envidia es una emoción que incluye rabia, dolor, ira y tristeza y que  nace del deseo de venganza, destrucción y de odio por la sensación o  la creencia de que nunca voy a tener lo que el otro posee. Puede ser  un buen coche, un cuerpo espectacular, una casa maravillosa, una salud de hierro, un cargo jerárquico, la pareja, los logros, el dinero, el reconocimiento, la familia, una mujer inteligente, el carisma de un amigo, etc. Cosas que crees que necesitas obtener para ser feliz  y que te coloca en un plano de continua insatisfacción y de queja permanente. Es una emoción que puede destruir a la persona envidiada y que sin duda destruye lentamente a la persona envidiosa. Por eso la envidia es una emoción tóxica para la propia persona y  una defensa típica de las personas débiles que sufren cuando se ven superadas en cualquier aspecto por otra persona y siente placer cuando algo les falla. Es una emoción que nos impide prestar atención a nuestra propia vida y a superarnos a nosotros mismos.

La excelencia y el triunfo siempre traen envidia

 

¿Cómo es la persona envidiosa?

Ser envidioso” es una forma de ser, sentir y vivir constante; es una triste actitud ante la vida

Es alguien que siente secretamente mucho rencor contra las personas que poseen algo que desea pero no puede alcanzarlo (belleza,  éxito, poder, libertad, amor, personalidad, experiencia, felicidad…).

Alguien que en vez de aceptar sus carencias o realizar sus deseos, simplemente odia y desearía “destruir” a toda persona que, como un espejo, le recuerda todas las cosas de las que carece.

La envidia es, en otras palabras, la rabia vengadora de quien, en vez de luchar por sus anhelos, prefiere eliminar la competencia.

¿Cómo se expresa la envidia?

Las formas de expresión de la envidia son innumerables. Por ejemplo: críticas, murmuración, injurias, rechazo, agresión, dominio, represión, humor negro, rivalidad, difamación, venganza… A escala individual, la envidia suele formar parte de muchos trastornos psicológicos (p.ej., algunos complejos, ansiedades, depresiones, malos tratos…). En las relaciones personales, familiares y de pareja, está involucrada en muchos conflictos y rupturas

La envidia es un deseo de destrucción, de odio. Las muertes, las violaciones, las estafas, los engaños, los maltratos nacen por la envidia, por ambicionar lo que el otro tiene.

¿Cómo es la persona envidiada?

Son personas que han seguido un proceso y un método  para alcanzar sus objetivos, es decir, el esfuerzo, la pasión, el trabajo, el camino recorrido, la energía enfocada, el tiempo, la dedicación, el estudio, la preparación, las metas y las estrategias diseñadas con esmero. Método y proceso que el envidioso es incapaz de ver, ya que este solo  se fija en el resultado.

Un viejo dicho popular dice: si miras mi éxito, mira también mi sacrificio. Hay que ser realistas y reconocer que muchas de las personas que hoy están en un lugar de privilegio han sido constantes, han decidido pagar el precio de trabajar, esforzarse y mejorarse siempre un poco más. Han dedicado tiempo a escuchar, a superarse, a sanar cada emoción que lastimaba su estima y que los detenía en el camino a su sueño. Se trata de personas que no se detuvieron hasta cosechar la recompensa que les correspondía por su siembra.

Son personas que supieron sembrar y luego cosechar, que supieron hablar y pedir lo que necesitaban, golpear y derribar cada puerta cerrada sin detenerse.

¿Cómo es la persona envidiosa?

Cuando una persona te envidia lo que está haciendo es declararte su sentimiento de inferioridad.

La persona que envidia pasa tiempo opinando y juzgando todo lo que tienes, en lugar de orientarse a alcanzar sus propios sueños, por lo cual, termina convirtiéndose en verdugo en vez de ser protagonista de su propia vida.

La persona envidiosa  tratará de destruirte a través de la persecución abierta o de la descalificación, de la calumnia. Su objetivo será siempre el mismo: perseguirte.

Es alguien que no busca dentro de ella misma sus potencialidades ni las oportunidades de crecimiento personal que pueda alcanzar, sino que conduce toda su energía a destruir  las de la otra persona

La persona envidiosa no puede ver algo que solo a ella le pertenece, como su estima, sus capacidades y sus habilidades, no tiene seguridad en sí misma, con lo cual no tiene un objetivo claro a seguir, y como carece de objetivos, su intención es que no logres alcanzar los tuyos.

¿Se suele reconocer la envidia?

La persona envidiosa no suele reconocer su envidia. Se resiste a hacerlo y no hay nada que más le hiera y descalifique que intentar hacerle ver que la tiene. Hay que tener en cuenta que detrás de la envidia se halla:

  • Un sentimiento de inferioridad e inseguridad.
  • Una incapacidad de reconocer las limitaciones personales, asociándolas a signos de debilidad.
  • Una negación total de que la infelicidad no se debe a lo que no se tiene, sino a la falta de aprecio de lo que sí se posee.
  • Una falta de compromiso y responsabilidad con la propia vida. Pendiente de la vida de otros, no se asume la propia.

¿La envidia tiene sexo?

Algunos podrán decir que la envidia es un sentimiento propio de las mujeres, pero esta  creencia de que la envidia es exclusivamente femenina es falsa. Tal vez las mujeres son más expresivas, o quizá más libremente se animan a verbalizar lo que piensan de las otras mujeres, pero la envidia, no tiene sexo.

Muchos hombres también la padecen, quizás en voz baja o en susurro. Muchos llegan a sus casas y le comentan a su mujer con rabia el puesto que consiguió su compañero en el trabajo, o el coche que se compró el vecino.

La envidia no tiene ni sexo ni religión, ni clase social ni raza, es una emoción que afecta a cualquier individuo que no esté enfocado en sus metas.

Como cita el filósofo español Miguel de Unamuno: “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”

¿Cómo podemos saber si sentimos envidia?

  • Cuando te sientes mal si un amigo o familiar tiene éxito profesional
  • Cuando alguien cercano a tu entorno de trabajo o vida privada actúa de forma loable y te cuesta felicitarlo
  • Cuando te sientes mal si alguien importante habla maravillas de otra persona que conoces.
  • Cuando sientes que no recibes el mismo afecto que muchos de tus amigos
  • Cuando en el trabajo alguien le dedica más tiempo a uno de tus compañeros que a ti.
  • Cuando criticas a gente famosa o a personas que no conoces.
  • Cuando te sientes animado si alguien que ha triunfado en algo está pasando ahora un mal momento.

¿Se puede justificar la envidia?

Envidia sana o enfermiza, podrás tratar de buscarle una justificación, pero sea cual sea el caso, es necesario que mires hacia tu propia vida y observes: ¿qué es lo que hizo el otro para llegar a determinado lugar que yo no hice?. Hay que fijarse en el proceso y no en el resultado. Esta reflexión trata de que te plantees acerca de la forma y las estrategias que debes accionar para llegar a tus objetivos. Lo que el resto de las personas adquirieron no es casualidad ni suerte, sino acción, decisión y ejecución.

La envidia no vive sola sino que convive con la crítica, la murmuración, el chisme, la dependencia, el enjuiciamiento, todas actitudes que consumen nuestras fuerzas, convirtiéndonos en excelentes opinólogos pero en pobres constructores de nuestra propia vida.

¿Existe la envidia sana?

Este sufrimiento secreto por el bien ajeno y que nos ha traído más de una incomodidad, disgusto y dolor, siempre es negativo. La conocida como “envidia sana” no existe. Es un sentimiento que debe ser aceptado como uno más de los que sentimos. La preocupación llega cuando la envidia se convierte en patológica e interfiere en la vida de la persona, cuando ese sentimiento posee al individuo, merma su autoestima y le incapacita para llevar una vida saludable

Cuando se les pregunta a las personas si son envidiosas, suelen responder que sí, que algo de envidia padecen, pero que en realidad lo que sienten es una envidia sana y no enfermiza.

Muchos describen a la envidia sana como aquella emoción que reconoce que el otro tiene algo que ellos mismos desean y que aún no obtuvieron, pero que harán todo lo posible por conseguir. Es una envidia que no acarrea ni dolor ni frustración.

Envidias sanas o enfermizas, envidias ocultas o expuestas, envidias controladas o descontroladas, son envidias al fin, envidias que afectan nuestra estima y emociones y, en consecuencia, nuestros resultados.

Si admiramos a otra persona por lo que ha conseguido, ¿puede ser una forma de envidia?

La admiración a determinadas personas, no significa tenerles envidia; es un sentimiento diferente, ya que se puede admirar, a la vez de desear lo de otro para uno, pero de una forma positiva, constructiva, sintiendo auténtica alegría por el otro,sin desvalorizar, sin criticar, sin desearle mal, sino tomándolo como ejemplo y referente para superarnos.

La palabra admiración proviene del latín y significa: “Yo miro

a”. Envidiar quiere decir “mirar mal”; admirar implica “mirar

a”. Ambas tienen que ver con mirar; la diferencia es que la envidia trae bronca y la admiración, motiva.

¿Cuál es la diferencia? Envidiar es decir “te miro para destruirte”, admirar “te miro para aprender cómo lo lograste.”

¿Qué hacer, cómo actuar ante la persona envidiosa?

En lo posible, hay que tratar de mantenerse alejado de las personas envidiosas, y tratar de no rodearse de aquellas personas que no pueden resistir el impulso de compararse con los demás.

La mejor fórmula contra la envidia es formar un círculo con gente que quiere auténticamnte lo mejor para uno y que se alegra ante cada buena noticia.

Es bueno confiar en la intuición, ese tipo de personas generalmente crea un tipo de ambiente energéticamente desagradable.

El círculo de amigos lo elige uno, pero hay ámbitos, como el laboral y el familiar que a veces no es tan fácil escapar de él, y si en ellos hay personas envidiosas, que no podemos evitar, en este caso lo más aconsejable es tratar de no manifestar de manera abierta nuestras cosas; tanto lo malo que nos puede suceder (para no alegrarlos), ni mucho menos lo bueno, los éxitos, los logros, para no provocar y enardecer su energía negativa, y reservar esos temas para los que estamos convencidos que nos desean el bien.

Algunas pistas para detectar la persona envidiosa

A veces, detectar al envidioso es fácil, pero en otras oportunidades no es tan sencillo, porque suelen esconderse a través de una apariencia amable, acogedora, simpática o de excesivo respeto.

  • Suelen a mirar de arriba abajo al que envidian
  • Generalmente están pendientes de los demás
  • Critican y juzgan mucho a las personas, siempre están buscando desvalorizarlas, herirlas o perjudicarlas de alguna manera
  • Cambian de tema cuando alguien les cuenta algo bueno que le está sucediendo
  • Son incapaces de elogiar o reconocer algún aspecto positivo de la persona que envidian
  • Nunca están satisfechas. Si es que llegan a conseguir algo, son incapaces de disfrutarlo, ya que de inmediato quieren más o miran lo que no poseen en vez de valorar lo que sí tienen.
  • Por lo general no son personas creativas; más bien tienden a copiar o imitar a otras que son las que envidian
  • Consideran que los demás consiguen las cosas con facilidad y sin esfuerzo
  • Por lo general, no son personas generosas
  • Se alegran de los fracasos ajenos y minimizan los éxitos de los demás
  • A menudo, son personas con varias frustraciones y proyectos inconclusos
  • La persona envidiosa tiene un gran complejo de inferioridad y siempre expresará su envidia hacia los demás criticando y desvalorizando ya sea en aspectos físicos, intelectuales, emocionales, posibilidades de éxito o posesiones materiales.
  • Si ves que alguien critica, cuenta chismes o siente celos, ésto será la clara evidencia de que aún no ha recibido aquello que busca porque no esta habilitado ni capacitado para ello. Esta persona, es por  lo general, envidiosa.

¿Se puede prevenir la envidia?

Como sucede con todo sentimiento insano, es conveniente mantener actitudes preventivas, de forma que no lleguemos a padecer de manera obsesiva sus efectos. Una buena prevención ante la envidia iría encaminada a :

  • Favorecer la confianza básica en uno mismo y en los demás.
  • Conocer las limitaciones y potencialidades que tenemos, aceptándonos como somos.
  • Pensar que hay cosas que podemos cambiar y otras que no.
  • Aprender a valorar con precisión la propia competencia, sin infravalorarse ni sobrevalorarse.
  • Acostumbrarse a centrar la atención en los aspectos más positivos de la realidad.
  • Estimular la empatía, es decir, la capacidad para ponerse en el lugar del otro.
  • Establecer relaciones adecuadas y satisfactorias con los iguales.
  • Aprender a relativizar las diferencias sociales y adquirir habilidades para elegir adecuadamente con quién, cómo y cuándo compararse.
  • Aprender a relativizar también el éxito.
  • Analizar el progreso personal mediante la comparación consigo mismo, no con otros.
  • Aprender a dar y pedir ayuda, a colaborar y compartir. Permite adquirir habilidades con las que resolver los conflictos que origina la envidia.

Consejos para las personas que sientan envidia

Para gestionar y superar la envidia, nada mejor que replantearnos algunos principios clave, que son los que nos ayudan a disfrutar de un mayor equilibrio y a vivir de forma más serena y gozosa:

  • Pensar que no estamos perdiendo nada cuando a otras personas les va bien.
  • Darnos cuenta de que si queremos ser nosotros mismos, el único punto de referencia de superación somos nosotros. No necesitamos compararnos con nadie más.
  • Apreciar el valor de nuestra vida y mostrarnos agradecidos de tenerla.
  • Alegrarnos de lo que tenemos. No vivir pendientes de lo que no tenemos.
  • Redescubrir día a día lo que nos rodea: las personas, el paisaje, las pequeñas cosas que nos hacen más fácil la vida…
  • Y lo más difícil, pero alcanzable: sentirnos felices por la buena suerte de los demás, porque, en definitiva, vengan de la mano de otros o de las nuestras propias, de lo que se trata es de vivir el mayor número de momentos de felicidad y alegría.

¿Es peligrosa la envidia?

Según Alberoni, “el envidioso desea acercarse al envidiado, ser reconocido por él, identificarse con él y sustituirlo”. En los casos patológicos, el envidioso sólo puede hallar satisfacción en la destrucción completa del envidiado, en su desgracia total e incluso en su desaparición física.

“El número de los que nos envidian confirma nuestras capacidades.”

Oscar Wilde

 

Autora: María Teresa Vallejo Laso

 

 

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