Evolución del concepto de Psicopatía

Psicopatía, Psicópata

Evolución del concepto de Psicopatía

Los primeros escritos que se pueden relacionar con algo muy parecido a lo que consideramos hoy los trastornos de la personalidad aparecen  en el siglo V a. de C. y son los denominados humores de Hipócrates. Este autor  clasificó los humores en bilis amarilla, bilis negra, sangre y flema y se correspondían con una serie de caracteres que conformaban la personalidad según predominaran unos u otros humores.

En las épocas de Platón y Aristóteles también se pueden constatar explicaciones dirigidas a las clases de comportamiento humano, pero no es hasta la época de Teofrasto (siglo III a. de C.), cuando describe de una forma más clínica las posibles alteraciones de las personas según su forma de ser.

En el siglo XVIII  Francis Gall y su ciencia de la frenología  establece la relación entre las variaciones de nuestro cráneo y nuestro comportamiento.

En 1809 P.Pinel  designa a los individuos que van en contra de las normas con el término manie sans délire” o “manía sin delirio”, para describir un patrón de conducta caracterizado por la falta de remordimientos y una ausencia completa de restricciones,  actos impulsivos y arriesgados, a pesar de que su capacidad de razonamiento se encontraba conservada y de que eran capaces de darse cuenta de la irracionalidad de lo que hacían (Millon, 1998). A él se le atribuye reconocer a este tipo de locura como un trastorno mental específico (Smith, 1978), sin la  presencia necesaria de un déficit de razonamiento.

 

En 1812, B. Rush  introduce una dimensión moral  y describe a un tipo de sujetos poseedores de una “depravación moral innata”, en la que probablemente exista una organización original defectuosa en las partes del cuerpo relacionadas con las facultades morales de la mente. Según él, estos sujetos se caracterizan por poseer un patrón de irresponsabilidad de larga evolución, y ausencia de culpa, vergüenza o duda sobre las consecuencias destructivas de sus acciones.

 

Pritchard fue el primero en introducir el concepto de “locura moral”, planteando que aparece cuando “los principios activos y morales de la mente se han depravado o pervertido en gran medida; el poder de autogobierno se ha perdido o a resultado muy dañado, y el individuo es incapaz, no de razonar a propósito de cualquier asunto que se le proponga, sino de comportarse con decencia y propiedad en la vida” (Pritchard, 1835; Garrido, 2001). Definió la psicopatía como una perversión de los sentimientos, afectos, inclinaciones, hábitos, impulsos y de la disposición moral, sin que  hubiera  defecto intelectual, de razonamiento, ni alucinaciones y defendió la idea de que el comportamiento de los psicópatas se relacionaba con un defecto del carácter, el cual había que reprender y condenar socialmente (Millon, 1998).

 

  1. Lombroso propuso la idea de “delincuente de nacimiento”. Para él, los hombres están determinados biológicamente para el crimen. Estudió los aspectos que caracterizan a los criminales y estableció una serie de rasgos físicos propios de los criminales predispuestos constitucionalmente: mandíbula grande y proyectada hacia delante, orejas alargadas y frente despejada, zurdos y físicamente robustos, desarrollo sexual precoz, insensibilidad táctil y agilidad muscular. Desde el punto de vista comportamental, eran emocionalmente hiperactivos, temperamentalmente irascibles e impetuosos, y presentaban deficiencias de sentimientos altruistas.
  2. L. Koch Representa a la corriente de la investigación observacional y propone cambiar el término “locura moral” por la de “inferioridad psicopática”, acercándose así al concepto de que la psicopatía no es una enfermedad, sino un desarrollo anómalo del carácter (Millon, 1998), que tienden hacia los comportamientos anormales, debido a la influencia de la herencia, pero que no son “locos” como tal (Arrigo y Shipley, 2001). Con el término “psicopático” sustentó la creencia de que los psicópatas surgen de una inferioridad de la constitución cerebral congénita o adquirida, terminología que basaba en presuntos defectos físicos que no fueron verificados a nivel estructural o fisiológico.

 

Kraepelin propuso en 1909 el término que hoy en día utilizamos de “personalidad psicopática”, para referirse a aquellas “personalidades pobremente dotadas por influencias hereditarias, dañadas en sus procesos germinativos y otras influencias físicas tempranas en el desarrollo” (Gómez, Madariaga y Silva, 1976), cuya condición era parte de un proceso irreversible, idea que perdura hasta nuestros días. Más tarde definiría  a los psicópatas como “personas con déficit de los afectos o de la voluntad”, a los que dividió en dos grupos: por un lado, sujetos que poseían una disposición mórbida, obsesiva, impulsiva y desviada sexualmente, y por el otro, sujetos que manifestaban peculiaridades en su personalidad, dentro de los que distinguió a los excitables, los inestables, los impulsivos, los mentirosos, los timadores, los pendencieros y los antisociales. En relación a estos últimos, Kraepelin  sienta los precedentes de lo que sería la nomenclatura actual, caracterizando a estos como: “enemigos de la sociedad” que se caracterizan por una falta de elementos morales, destructivos, amenazadores, y que carecen de una reactividad emocional profunda, poca capacidad de comprensión y afecto.

 

Bleuler en 1924 en su tratado de psiquiatría fué el primero en utilizar el concepto de psicopatía atribuyendo un defecto moral congénito o adquirido a una serie de trastornos mentales que van desde el retraso mental a sujetos antisociales.

 

  1. Birnbaum a través de su tesis social, fue el primero en introducir el término “sociopático” relacionado con el comportamiento antisocial y según sus postulados, pocas veces surgiría de “rasgos inmorales inherentes al carácter”, sino que serían un reflejo de la actuación de las fuerzas sociales, las que dificultarían la adaptación y adquisición de formas de comportamiento aceptables.

 

  1. Schneider fue discípulo de Kraepelin, y 1934 propuso una definición práctica, en la que describe a las personalidades psicopáticas como “aquellas personalidades anormales que a causa de su anormalidad sufren ellas mismas o hacen sufrir a la sociedad” (Gómez et al., 1976). Reforzó la idea de que muchos de estos individuos eran delincuentes desde jóvenes e incorregibles, y creía que muchos de estos sujetos que terminaban cometiendo actos delictivos, vivían dentro de la sociedad en forma normal e incluso muchos de ellos presentaban un éxito inusual en el ámbito político o económico. Schneider, entendía la psicopatía de cuatro formas: como un modelo de constitución hereditaria y estática; como una anomalía del carácter; como un tipo asocial, y como una estructura morbosa endotímica vital.

 

  1. J. Eysenk propone una teoría que combina elementos de la biología y del aprendizaje, sosteniendo que “los psicópatas poseen una disposición temperamental a la extroversión que les hace propensos a los comportamientos antisociales”, adquiriendo de menor forma y más lentamente los valores e inhibiciones del grupo social al que pertenecen.

En 1970 utiliza el término psicópata o sociópata, para designar a aquellos individuos que manifiestan serias dificultades de adaptación que no son deficientes mentales ni padecen de daño orgánico o epilepsia, ni caben dentro de la neurosis o la psicosis.

En este momento, describe los síntomas presentes en estos sujetos: como la incapacidad de control emocional y de aprender de la experiencia, impulsividad, falta de previsión, inmadurez emocional, carencia de autorrealización, ajuste insatisfactorio al grupo, incapacidad para soportar el aburrimiento, irresponsabilidad e incapacidad para  expresar todas las reglas sociales y morales verbalmente, pero sin comprenderlas y obedecerlas.

 

  1. Kernberg habla de la psicopatía como un “afecto hacia el sí mismo” que es patológico y ve a las personalidades narcisistas y antisociales como poseedoras de un self en dos niveles estructurales: un self real de estas personalidades que está solo, vacío, incapaz de aprender, inferior e inseguro y que está oculto por una máscara que se le superpone, la cual es grandiosa en el caso del narcisista y destructiva en el antisocial. Un segundo rasgo de personalidad lo observa en la relación de objeto: la envidia, la idea de la explotación de los demás y la necesidad de devaluarlos. Así mismo afirma que la psicopatía, a diferencia de otras perturbaciones psiquiátricas, se acompaña por una extraordinaria ausencia de ansiedad o depresión manifiesta, así el principio motivador no sería la culpa sino la vergüenza.

 

  1. T. Beck y A. Freeman en 1990 desde una orientación cognitiva, ponen énfasis en el papel que juegan las creencias disfuncionales al momento de darle forma a algunos de los aspectos del comportamiento antisocial. Plantean que “estas personalidades se ven a sí mismas como personas solitarias, autónomas y fuertes. Algunas creen que han sufrido abusos y malos tratos por parte de la sociedad y, por tanto, justifican la victimización de los demás porque consideran que ellos también han sido víctimas” (Beck y Freeman, 1990). En cuanto a las creencias nucleares, se destacan “Tengo que preocuparme por mí mismo”, “Me golpearán a mí si no golpeo primero”, “He sido tratado injustamente y tengo derecho a conseguir por cualquier medio lo que me corresponde”, “Los otros son débiles, y merecen que los dominen”, entre otras (Beck y Freeman, 1995), las cuales están a la base de la distorsión de los pensamientos automáticos de estas personas, que devalúan al otro y lo hacen una víctima propicia para su propia protección o la satisfacción de sus impulsos ( León, 2004).

Hervey Cleckley  conceptualizó los aspectos más relevantes en cuanto al diagnóstico psiquiátrico de la Personalidad Psicopática, ofreciendo una caracterización clínica diferente de criminalidad y de desviación social. La metodología y la evaluación para este trastorno derivan  de su monografía  The Mask of Sanity publicada en 1941 en un intento por acotar el concepto de psicopatía y de convertirlo en un constructo viable para la investigación tanto de clínicos como investigadores.

Cleckley estableció una lista de 16 criterios diagnósticos específicos de la psicopatía y llegó a la conclusión de que los psicópatas presentan un grave trastorno, disimulado en cierta medida por una apariencia de buena salud mental aparentando en un primer contacto ser personas de confianza, cautivadoras y psicológicamente estables.

En un intento por clarificar el problema de las terminologías y contrarrestar la tendencia a incluir trastornos muy diferentes bajo el rótulo de psicopatía, en 1941, propuso sustituir el término por el de “demencia semántica”  para resaltar lo que él consideraba la característica principal del trastorno, la separación entre la palabra y la acción, dando como resultado sujetos “altamente asociales, agresivos e impulsivos, que carecen de sentimientos y de culpa, y que serían incapaces de crear lazos de afecto duradero con otras personas. Superficialidad emocional, trato social aparentemente agradable e incapacidad para aprender de la experiencia”, el psicópata no procesa los hechos o datos que podrían ser llamados valores personales. Es incapaz de comprenderlos”. Para el psicópata no son eficaces las experiencias normales de socialización a causa de este defecto innato, que junto con una capacidad emocional atenuada, dificulta el desarrollo de la moralidad.

Cleckley (1976) destacó de modo extraordinario la presencia de un “lenguaje hueco” en el psicópata para manipular. Puede repetir las palabras y decir que las comprende, pero no existe manera alguna de que pueda darse cuenta de que en realidad, no las comprende (Cleckley, 1976; Garrido, 2001): “Su respeto por la verdad es nulo, y da la impresión de que ni siquiera puede comprender por qué otras personas se ven tan comprometidas con ella. Cuando mienten lo hacen con candor, no “sobreactúan”, y son capaces de mirar tranquilamente a los ojos de sus interlocutores en medio de la mayor de las falsedades. En los casos raros en que reconocen sus artimañas tratan de que los veamos sinceramente arrepentidos de su “conducta frívola”, extrañándose de que no creamos sus nuevas promesas, hechas “bajo palabra de honor” o con un “juramento”.

 

Robert D. Hare, Ph.D  profesor de Psicología de la Universidad de British Columbia (Vancouver, Canadá) y Director del Laboratorio Hare en la misma universidad, es considerado como uno de los expertos mundiales más destacados en el estudio de la

psicopatía, debido al gran número de evidencia empírica aportada por medio de diversas investigaciones realizadas en torno a este tema y por crear un instrumento fiable y válido para evaluar la psicopatía en contextos penitenciarios (Freeman, 2001; Raine y Sanmartín, 2000).

Según Hare, la psicopatía es un trastorno de la personalidad tradicionalmente definido por una constelación de características interpersonales, afectivas y referentes al estilo de vida (Hare, 1991). A nivel interpersonal, los psicópatas tienen un concepto grandioso de autovalía, son arrogantes, crueles, dominantes, superficiales y manipuladores.

Afectivamente, se caracterizan por ser fácilmente irritables, incapaces de formar vínculos emocionales fuertes e incapaces de experimentar sentimientos de culpa o ansiedad profundos. Estas características interpersonales y afectivas están asociadas, según el autor, con un estilo de vida socialmente desviado e inestable que incluye comportamientos irresponsables e impulsivos, así como una tendencia a ignorar y violar cualquier tipo de convención social o costumbre (Hare, 1991).

Por otro lado, Hare afirma que, aunque no todos los psicópatas entran en contacto formal con el sistema de justicia criminal (Babiak, 1995; Hare, 1998b), sus características definitorias suponen factores de alto riesgo para la agresión y la violencia (Hart y Hare, 1997). Por esta razón, el problema fundamental radica en identificar a los individuos con características psicopáticas con la mayor precisión posible. Esto resulta particularmente importante en situaciones donde el diagnóstico de psicopatía puede tener implicaciones enormes tanto para el individuo como para la sociedad (Hare, 1999). Con el fin de alcanzar la suficiente precisión en el diagnostico de psicopatía, Hare propuso la conceptuación del constructo de psicopatía dominante en la actualidad (modelo de los dos factores), reflejado en el instrumento de evaluación de la psicopatía mas utilizado y mejor considerado hasta nuestros días, el Hare’s Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R).

 

Referencias Bibliográficas:

Beck, Freeman, Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Ed. Paidós.Barcelona, España.

Espinoza, Juan. Personalidad psicopática y sociopática. Universidad Autónoma de Madrid, España. Facultad de Psicología, Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico, Psicología Criminológica. España: 1998.

Garrido, Viviana. El psicópata: un camaleón en la sociedad actual. Ed. Madariaga, España: 1976.

Hare, Robert. La naturaleza del psicópata: algunas observaciones para entender la violencia depredadora humana. Ed. Ariel, S.A. España: 1987.

Millon, Tomas. Trastornos de la personalidad. Barcelona: Ed. Masson.

 

 

Autora: Teresa Vallejo Laso

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