Tus besos, una cuestión de química cerebral. ¿Qué ocurre en el cerebro cuando nos besamos?

Tus besos, una cuestión de química cerebral

Tus besos, una cuestión de química cerebral. ¿Qué ocurre en el cerebro cuando nos besamos?

En un sentido evolutivo,  los besos favorecen la conducta sexual, aseguran la procreación y activan una respuesta en el organismo que favorece el inicio y manutención de la interacción, comunicación y erotización de la relación de pareja, reactivando también las emociones en una relación que ha logrado estabilidad en el tiempo. Sin embargo, el beso es mucho más.

El beso es una conducta que involucra la participación de factores neurobiológicos, psicológicos y socioculturales y que produce una  de las mayores tormentas químicas, y una de las más sanas y grandes revoluciones interiores que ocurren  dentro del  organismo.

Mediante los besos se activan circuitos cerebrales y se produce una secreción de sustancias involucradas en el comportamiento romántico, es decir, en la forma que pensamos, sentimos y actuamos en relación a la persona por la que sentimos atracción.

¿Qué sucede en el cerebro cuando besamos?

Los labios son una de las partes del cuerpo con más neuronas sensoriales. Cuando nos besamos, estas neuronas envían información al cerebro donde se liberan una serie de reacciones neuroquímicas muy rápidas y muy intensas en el sistema límbico, dentro del cerebro.

Cuando esto ocurre, se produce una respuesta hormonal y el cuerpo entero se altera involucrando a cinco de los doce nervios craneales.

Estos nervios disparan señales eléctricas hacia la corteza cerebral e informan de la llegada de este gesto de cariño al sistema límbico, encargado de gestionar las percepciones de placer y satisfacción. La información recibida corre rápidamente por el tronco del encéfalo, que regula los mecanismos del aparato respiratorio. La respiración se acelera y con ella el ritmo cardiaco, la presión arterial, la salivación, el tono muscular y empezamos a liberar dopamina, oxitocina, adrenalina endorfinas y feniletilamina, que son neurotransmisores que causan todo tipos de sensaciones. Otros sistemas de neurotransmisión, como el ácido Gaba, que modula las respuestas de la tranquilidad y la relajación, también parecen estar implicados.

Químicos que intervienen en los besos

La adrenalina y noradrenalina

Tienen que ver con la activación del organismo que se orienta  a la búsqueda del otro y de las experiencias sensuales. Producen una serie de cambios físicos: cambios en la presión arterial, el nivel de glucosa y el ritmo cardíaco, además de la sensación de alerta y el tono rojizo en la zona cigomática

La dopamina

Es una sustancia producida cuando dos personas se besan, que hace que se sienta placer y ganas de seguir haciéndolo.

Se la relaciona con el placer y con  la sensación de bienestar, la creatividad y el riesgo.

Regula el amor pasional u obsesivo.

Actúa como una droga y es una sustancia que se encuentra en la cocaína, lo cual hace que el beso sea percibido como adictivo ya que la dopamina es un estimulante natural.

Es la responsable de los sentimientos de placer, euforia,  motivación, memoria, insomnio y pérdida de apetito. Un beso apasionado es un gran productor de dopamina.

Endorfinas

Ayudan a regular el ánimo, la ansiedad, generan sentimientos de euforia y proporcionan sensación de bienestar debido a su gran capacidad analgésica.

Calma la necesidad de sentirse aceptado y perteneciente, proporcionando seguridad.

Ayudan a mejorar el estado de ánimo, combaten el estrés y la depresión.

Oxitocina

Es la hormona del amor.

Está relacionada con la afectividad, la ternura y el acto de tocar.

Interviene en la atracción sexual y el enamoramiento.

Estimula el establecimiento de las relaciones de pareja, controla el apego y permite a una pareja permanecer unida suficiente tiempo como para criar hijos.

Está relacionada con el amor materno, las contracciones uterinas, el parto y el amamantamiento.

La liberación de esta hormona en el torrente sanguíneo origina distintas respuestas físicas, como la sudoración nerviosa y las respuestas sexuales en la erección del pene y la erección del clítoris.

Serotonina

Disminuye los sentimientos de tristeza.

Testosterona

Los besos estimulan un aumento de testosterona que alimenta el deseo sexual  tanto en hombres como en mujeres.

Feniletilamina

Tiene que ver con la sensación de bienestar, comodidad, confianza con el otro y  favorece el deseo de permanecer juntos en el tiempo.

La feniletilamina puede influir en el estado de ánimo y la atención La feniletilamina, es un alcaloide que también se  puede encontrar en el chocolate.

¿Existe un estilo de personalidad para saber quien se siente atraído por quién?

Existen  ciertos estilos de personalidad según Fisher, que investigó quién se siente atraído por quién y llegó a la siguiente conclusión, dependiendo de cuál sea la composición del propio cóctel hormonal:

En los que predomina la dopamina, que son creativos y están dispuestos a tomar riesgos, buscan a personas con las mismas características.

Aquellos en los que predomina la serotonina, tradicionales y ejecutivos, también se sienten atraídos hacia personas similares.

Los que tienen altos niveles de testosterona, personas analíticas, lógicas, dotadas para las tareas de ingeniería, hacen pareja con las que tienen altos niveles de estrógenos, que son imaginativas, compasivas, intuitivas.

Para saber el grado de vinculación y atracción mutua que existe en una pareja, hay que saber si siguen besándose en la boca, ya que su ausencia no sólo es consecuencia del deterioro de la relación, sino que está entre las causas del mismo (David D. Coleman).

Por este motivo hay que dedicarle al beso la importancia y la atención que se merecen, ya que puede ser un fín en sí mismo.

Hormonas alteradas, glándulas a pleno rendimiento, sustancias químicas que afectan al cerebro… Y todo, en un beso, si es con la persona adecuada, con la que existe química.  De no ser así, podría  ser el beso de la muerte, pues besos malos no existen, sino malas combinaciones, pues los besos, como ya sabes, son  puramente una cuestión de química cerebral.

Autora: Maria Teresa Vallejo Laso

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