Juego Patológico

Participar en juegos de azar es una actividad que en cantidades reducidas puede ser positiva y servir de entretenimiento, pero en cantidades excesivas el juego patológico se convierte en un serio problema. Establecer la diferencia entre un juego no problemático y el juego patológico radica en la capacidad de la persona para controlar de forma voluntaria su implicación en el juego, para dejar de jugar cuando lo desee. Por tanto, y de acuerdo con Custer y Milt, el juego patológico es una enfermedad adictiva en donde el sujeto es empujado por un abrumador e intolerable impulso a jugar. El impulso persiste y progresa en intensidad y urgencia, consumiendo cada vez más tiempo, energía y los recursos emocionales y materiales de que dispone el individuo. Finalmente invade, socava, y a menudo destruye todo lo que es significativo en la vida de la persona. Por tanto, el juego patológico es una adicción en estado puro, una adicción sin sustancia química.

EVOLUCIÓN DESDE LAS CONDUCTAS DE JUEGO LÚDICAS HASTA EL JUEGO PATOLÓGICO

  • La persona se acerca al juego para divertirse o con el objetivo de ganar dinero de forma fácil y rápida.
  • Empieza a jugar de forma sistemática y cada vez más frecuente por el propio placer del juego y del riesgo que este conlleva y por la situación de reto que supone el dominarlo.
  • Empiezan las pérdidas económicas, que son cada vez más importantes.
  • Acumulación de pérdidas, lo que supone que el juego se convierte en la “única solución” posible para recuperar todo lo que ha perdido
  • Empieza la búsqueda de más dinero para jugar y así poder recuperar el dinero perdido.
  • Surgen los pensamientos erróneos , la ilusión de control (supuesta capacidad para controlar el juego).
  • Cada vez pierde más dinero y su endeudamiento es mayor
  • Se implica en una espiral de conseguir cada vez más dinero para hacer apuestas mayores, y se ve obligado a recuperar una cantidad cada vez mayor, lo que le conducirá a la ruina económica y personal.
  • Como su implicación en el juego es mayor, sus conductas y pensamientos estarán más centrados en el juego, interfiriendo con otros pensamientos que no tienen que ver con  éste, por lo que su vida profesional, social y personal quedará sometida, deteriorada y reducida al juego.

TIPOS DE JUGADORES

Jugador Social: juega ocasionalmente, lo hace por entretenimiento o en el marco de una interacción social, por ocio o placer, pero tiene un control total sobre esa conducta y puede dejar de jugar cuando lo desea, independientemente de la frecuencia con la que juegue y de las ganancias o  pérdidas, la interrupción del juego está bajo su control. Cuando más intensa, frecuente o peligrosa sea la forma de jugar y más se implique en el juego más fácil será que este jugador evolucione a la categoría de jugador problema.

Jugador Problema: Juega de forma frecuente o diaria, con un gasto habitual de dinero que en alguna ocasión, por excesivo, le acarrea problemas. Tiene menos control sobre sus impulsos que el jugador social y aunque suele atender regularmente a su familia y trabajo, llevando una vida normal, el aumento de la regularidad del juego le exige gastar el tiempo y el dinero con mayor intensidad y dedicación. Si la cantidad de dinero dedicada al juego aumenta y se está en el límite de no poder hacer frente a las pérdidas, puede convertirse en un período corto de tiempo en jugador patológico.

Jugador patológico: Se caracteriza por una dependencia emocional del juego, una pérdida de control con respecto a éste, siéndole imposible resistir los impulsos a jugar. Su funcionamiento cotidiano debido al juego se ve alterado y compromete los objetivos personales, familiares y sociales. El jugador patológico presenta las siguientes características de juego descontrolado:  una frecuencia de juego, inversión en tiempo y dinero extraordinariamente altas, la apuesta de una cantidad de dinero superior a la planeada y los pensamientos recurrentes y el deseo compulsivo de jugar, sobre todo cuando ha perdido. Necesidad subjetiva de jugar para recuperar el dinero perdido, fracaso reiterado en el intento de resistir el impulso de jugar,  y  distorsiones cognitivas, entre las que predominan:

  • La ilusión de control: el jugador patológico piensa que tiene una estrategia que le permite ganar, cree que el azar no controla los resultados del juego, sino que ellos controlan el azar.
  • Predicción sobre los resultados:  Los jugadores no se sorprenden por lo ocurrido e incluso creen que predijeron el resultado, entorpeciendo así el aprendizaje, ya que cuando se cree que los resultados adversos se predijeron también se cree que pueden ser prevenidos en el futuro. El jugador percibe una importante dependencia entre una jugada y la siguiente, es decir, cree que es posible predecir y controlar lo que va a suceder en una jugada a partir de lo que haya ocurrido en las jugadas anteriores.
  • Atribución Flexible: los jugadores atribuyen sus éxitos a sus propias habilidades personales, y los fracasos los atribuyen a otro tipo de factores externos (suerte, azar).
  • Pensamiento supersticioso: creencias mágicas sobre el efecto de ciertas conductas en los resultados, que se pueden manifestar en comportamientos extravagantes como alejarse o dar la espalda a la máquina, decirle palabras cariñosas u obscenas, etc., lo que da lugar a hábitos peculiares como ir a jugar vestido siempre con una prenda determinada, acudir al mismo local, jugar siempre a la misma hora, etc.
  • Fijación en las frecuencias absolutas: La valoración del éxito se mide considerando sólo cuánto se gana sin tener en cuenta lo que se ha perdido.

CRITERIOS DIAGNOSTICOS DEL JUEGO PATOLÓGICO DSM-IV-TR

  • Comportamiento de juego desadaptativo, persistente y recurrente, como indican por lo menos cinco  de los siguientes ítems:
    • Preocupación por el juego (p.ej., preocupación por revivir experiencias pasadas de juego, compensar ventajas entre competidores o planificar la próxima aventura, o pensar formas de conseguir dinero con el que jugar).
    • Necesidad de jugar con cantidades crecientes de dinero para conseguir el grado de excitación deseado.
    • Fracaso repetido de los esfuerzos para controlar, interrumpir o detener el juego.
    • Inquietud o irritabilidad cuando intenta interrumpir o detener el juego.
    • El juego se utiliza como estrategia para escapar de los problemas o para aliviar la disforia (p. ej., sentimientos de desesperanza, culpa, ansiedad, depresión).
    • Después de perder dinero en el juego, se vuelve otro día para intentar recuperarlo (tratando de “cazar” las propias pérdidas)
    • Se engaña a los miembros de la familia, terapeutas u otras personas para ocultar el grado de implicación con el juego.
    • Se han arriesgado o perdido relaciones interpersonales significativas, trabajo y oportunidades educativas o profesionales debido al juego.
    • Se confía en que los demás proporcionen dinero que alivie la desesperada situación financiera causada por el juego.
  • El comportamiento de juego no se explica mejor por la presencia de un episodio maníaco.